Roger Daltrey admite que The Who nunca recuperó su dinámica original tras la partida de Keith Moon. En una entrevista con Life Minute TV, el vocalista describió el vacío permanente que dejó el baterista de la formación clásica: «Nunca ha sido lo mismo desde que Keith murió. No puedo fingir que lo ha sido. Estábamos a pleno rendimiento. Podíamos lanzar cualquier cosa y convertirla en algo. Todo eso desapareció cuando murió Keith».

La comparación con Led Zeppelin resulta inevitable. Mientras aquella agrupación decidió separarse tras el fallecimiento de John Bonham sin plantearse un reemplazo, The Who optó por mantener la actividad. Daltrey revisa ahora esa continuidad con la perspectiva que otorga el tiempo, reconociendo que la química que Moon generaba con Pete Townshend, John Entwistle y el propio vocalista se desvaneció con su partida.

Kenney Jones, procedente de Faces, fue el primer relevo y ocupó el puesto durante una década. El vocalista define ese periodo con precisión: «Probamos con Kenny Jones, que es un batería fantástico, pero un batería que toca de una manera tan convencional simplemente no funciona con The Who. Simplemente no funciona». La aproximación técnica de Jones chocaba con la esencia del grupo, cimentada en la improvisación y el riesgo.

Tras la etapa de Jones, Simon Phillips tomó las baquetas para la gira estadounidense de 1989. La búsqueda de estabilidad continuó con la llegada de Zak Starkey en 1996, hijo de Ringo Starr, quien permaneció en la formación hasta su salida el año pasado. Daltrey establece una jerarquía clara entre los sucesores: «Zak Starkey... no es Keith Moon, pero se acerca mucho».

The Who

La relación con Starkey atraviesa momentos de tensión, aunque el vínculo afectivo persiste. El frontman confirmó que el grupo volvió a ensayar con él, pero no oculta las fricciones: «Queremos a Zak. Le queremos de verdad. A veces las giras no se llevan bien con Zak. La presión acaba superándolo y entonces las cosas se complican, pero nosotros le queremos». La declaración revela una dinámica profesional compleja que resiste pese a los desgastes.

Los ensayos recientes respondían a una evaluación concreta sobre la viabilidad futura de la banda. Daltrey explicó su propósito: «Hicimos ensayos para comprobar si realmente podemos dar conciertos el año que viene, si todavía somos capaces de llegar a las notas y mantener la energía». La prueba buscaba verificar si el catálogo del grupo sigue siendo ejecutable bajo las exigencias actuales.

La exigencia del repertorio trasciende lo estrictamente técnico. Daltrey cuantifica el requerimiento en términos físicos: «La música de The Who exige una cantidad increíble de energía y, sin ella, sería como Herman's Hermits sin Herman». La metáfora subraya que, sin la intensidad que Moon imprimía, el conjunto se reduce a una versión desprovista de su carácter fundacional.

La gira estadounidense de despedida de 2025 se completó con el baterista Scott Devours a las baquetas. La elección de un percusionista para esta serie de fechas finales sugiere que, al menos para este ciclo, la banda priorizó la estabilidad operativa sobre la continuidad estilística con Starkey.

El problema que describe Daltrey trasciende la técnica individual. La formación clásica de The Who consolidó un estilo donde la batería de Moon funcionaba como un motor de improvisación. Esa dinámica, citada como una de las contribuciones más influyentes del rock del siglo XX, resultó inseparable de la identidad sonora del grupo.

El regreso a los ensayos abre interrogantes sobre la configuración que finalmente encare los próximos compromisos. Daltrey no especifica fechas concretas ni confirma si estas pruebas derivarán en presentaciones públicas. La ambigüedad parece deliberada, una forma de gestionar expectativas ante un público que asiste al desenlace de una de las trayectorias centrales del rock inglés.