Hay una imagen que lo resume todo. Giovanni Toro y Carlos Ulloa, compañeros de liceo en Talagante, luego colegas en una empresa del ramo eléctrico, compartiendo camioneta en el trayecto al trabajo. Entre rutas y horas muertas salieron los primeros riffs, el nombre de la banda y la idea de lo que querían hacer. Eso fue hace más de quince años. Dultomorth todavía está en pie.

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No es un dato menor. En ese tiempo han pasado por al menos cinco restructuraciones que atrasaron una y otra vez el lanzamiento de su material. Cambiaron integrantes, perdieron ritmo, tuvieron que volver a armar la alineación desde cero más de una vez. Lo que en otra banda hubiera sido el final, acá fue simplemente otro obstáculo en el camino. La banda que existe hoy, Bastian Martínez en guitarra rítmica, Carlos Ulloa en guitarra líder, Cristian Balcazar en bajo, Miguel Hernández en batería y Giovanni Toro en voz, es el resultado de todo ese proceso de desgaste y recomposición.

El nombre lo pusieron desde el principio y no lo han cambiado. Dultomorth viene del latín Dulto Mortis, que la banda traduce como "necesidad de muerte", distinto al más conocido "dulce muerte" aunque la similitud sea inevitable. No es un nombre elegido por lo que suena, sino por lo que significa dentro del universo conceptual que han construido: transformación, tránsito, renacer después del peso.

Porque eso es exactamente de lo que tratan sus letras. Dultomorth escribe en español, y eso ya los pone en una categoría aparte dentro del metalcore latinoamericano. Sus temas no son decorado de un género, son el género al servicio de lo que quieren decir. Abismo explora la soledad y el dolor interno que genera la propia mente cuando empieza a jugarte en contra. Psicosis mete al oyente en la cabeza de alguien cuya realidad y deseo se han desconectado por completo. Blasfemia va directo a la relación entre la institución religiosa y la violencia colectiva, desde la historia antigua hasta hoy. Adicto deja abierta la pregunta de qué tipo de adicción, porque la banda entiende que eso depende de quién escucha. "¿Tu eres un adicto? Quizás sí y no lo sabes hasta que caigas al Abismo." Cuatro singles, cuatro ángulos distintos de una misma idea: todo tiene fondo, todo tiene caída, y después viene el renacer.

Esos cuatro temas conforman lo que la banda llama su primera generación de material. La segunda fase ya tiene nombres: Despertar, Fénix, Pacto de Honor, Dultomorth y Agresión, todos apuntando al LP que llevan años cocinando. El single que abre 2026 es Blasfemia, grabado con Cristian León en León Road Studios y Estudios Reyes. La producción no es un lujo, es una decisión consciente de una banda que sabe que el sonido tiene que estar a la altura de lo que quieren decir.

Y el sonido, hay que decirlo, evolucionó bastante desde aquella primera tocata en el Parque Tegualda de Talagante, hace quince años, con nervios a mil y una asistencia que los sorprendió. La técnica vocal de Giovanni creció, las guitarras de Carlos y Bastian encontraron ese punto donde los armónicos no abruman sino que construyen, y la llegada de Miguel Hernández a la batería fue, según ellos mismos, el momento donde todo subió de nivel.

Nos llevó al siguiente nivel con ritmos y tempos que amarran todo el sonido general.

Cristian Balcazar en el bajo pone la profundidad que sostiene al conjunto. Es una banda que suena como banda, no como instrumentistas paralelos.

Su mejor noche hasta ahora fue el Chiloé Metal Fest, donde la convocatoria y la recepción del público respondieron a lo que llevan años trabajando. Su peor noche fue la segunda edición de Metal en el Parque, donde el sonido estuvo tan mal que la experiencia se cayó antes de arrancar. Lo cuentan sin filtro porque ya aprendieron que esas noches también son parte del oficio.

Dultomorth Official.png
Dultomorth Official.png


Sobre la escena chilena tienen una lectura honesta: está algo apagada en términos generales, pero hay bandas nuevas con nivel real operando desde la autogestión. Lo que hace falta, dicen, es más espacio para tocatas y una reactivación del circuito emergente. Recomiendan a KDO, Disaster y Ankorjed como nombres que vale la pena rastrear.

El disco está en proceso. Las giras vienen después. El sueño a largo plazo es telonear a Lamb of God o Trivium, lo dicen así, sin rodeos, como quien sabe exactamente dónde quiere llegar. Para quien llegue a su música sin conocerlos, el mensaje es simple y directo: "Sientan la música. Tengan rabia, temor, ira o pena, pero sientan los riffs."

Quince años en esto. Cinco restructuraciones. Un disco que ya casi está. Dultomorth no necesita más presentación que su propia historia.


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