Frank Lee Beard, baterista de ZZ Top desde 1969, cargó durante toda su carrera con una de las ironías más reconocidas del rock: ser el único miembro de la banda sin la barba que definió la imagen del grupo, pese a llevar precisamente ese apellido. La coincidencia no respondió a ningún plan premeditado por parte del trío texano, sino a una serie de circunstancias personales que se consolidaron durante el breve receso que la agrupación tomó a finales de los años setenta.

Cuando Beard se unió a Billy Gibbons y Dusty Hill en 1969, los tres músicos lucían un aspecto relativamente aseado. Durante esa década, ZZ Top construyó su reputación como principal exportador de blues rock con sazón sureña, editando discos como Tres Hombres y Fandango! que los posicionaron en las listas estadounidenses. Sin embargo, hacia 1977 el desgaste de la carrera constante los llevó a una pausa obligada. Gibbons aprovechó para viajar, Hill trabajó temporalmente en un aeropuerto y Beard enfrentó problemas de consumo de sustancias.

El reencuentro en 1979 reveló un cambio físico inesperado. Ninguno de los tres había dedicado tiempo al afeitado durante el hiato, pero los resultados fueron asimétricos. En el documental ZZ Top: That Little Ol' Band from Texas, Beard recordó su sorpresa: "Tenía barba, pero ni siquiera se acercaba a la que ellos tenían. Así que me la afeité poco después de que nos reuniéramos, cuando vi que ellos tenían mucha más barba que yo".

Billy Gibbons confirmó que la transformación no obedeció a ninguna estrategia de marketing. "Nos habíamos vuelto realmente, realmente perezosos", admitió al medio Caller-Times. "A nadie le había importado afeitarse. En términos simples, así fue exactamente como empezó". La franqueza de la declaración desmonta décadas de especulación sobre si la imagen de los dos guitarristas barbudos fue calculada para reforzar la identidad visual de la agrupación.

ZZ Top

La decisión de Beard de mantener solo un bigote respondió a razones tanto estéticas como funcionales. Gibbons y Hill desarrollaron barbas que descendían hasta el pecho, un volumen que el baterista consideró imposible de igualar. Además, una melena facial de esas dimensiones habría interferido con su técnica detrás de la batería, donde los movimientos rápidos de cabeza y el sudor hacen impracticable cualquier accesorio que no esté firmemente sujeto.

Gibbons señaló otro beneficio colateral de la distinción de Beard: la anonimidad. "A Frank no le importaba no tener barba", comentó. "Después de todo, tenía el apellido y podía ir al centro comercial sin que lo interrumpieran". Mientras sus compañeros se convirtieron en figuras instantáneamente reconocibles, el baterista conservó una movilidad que los otros dos perdieron definitivamente.

La barba de Gibbons y Hill alcanzó tal estatus cultural que ambos rechazaron una oferta de un millón de dólares de Gillette para afeitarse en un comercial. La negativa reafirmó que la imagen no era negociable, sino parte orgánica de la historia del grupo. Beard, por su parte, nunca ocultó el humor que le provocaba la situación, aunque siempre dejó claro que no formaba parte de ningún gag concebido en los albores de la banda.

La trayectoria de ZZ Top abarca más de cinco décadas, cincuenta millones de discos vendidos y una inducción al Salón de la Fama del Rock and Roll en 2004. Beard permaneció como único baterista estable del trío hasta su fallecimiento, registrando cada golpe en los quince álbumes de estudio del grupo. Su estilo rítmico, económico y preciso, funcionó como contrapeso a los riffs deslizados de Gibbons y a las líneas de bajo graves de Hill.

El caso de Beard ilustra cómo los elementos visuales más memorables del rock a menudo nacen de la improvisación personal antes que de las estrategias corporativas. La barba de ZZ Top se convirtió en marca registrada por accidente, por pereza, por una conjunción de biografías individuales que ningún departamento de imagen habría podido diseñar con la misma autenticidad. El baterista, con su bigote recortado y su apellido inesperado, terminó siendo el recordatorio perfecto de esa verdad.

Frank Beard falleció en 2025, dejando un legado que trasciende la anécdota del vello facial. Su contribución al sonido de ZZ Top permanece intacta en canciones como La Grange, Sharp Dressed Man y Gimme All Your Lovin', donde su pulso estable sostiene las estructuras que permiten a los guitarristas expandirse. La ironía de su apellido sigue siendo mencionada en cada introducción biográfica, pero su lugar en la historia del rock descansa en lo que hizo con las baquetas, no en lo que decidió no dejar crecer en su rostro.